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El Cambio por el Cambio mismo… El Cambio por el Cambio mismo…
Por Facundo Ruiz Frágola La tan mentada regeneración política sigue sin dar aviso de su llegada. Con tan solo algunos movimientos en las esferas... El Cambio por el Cambio mismo…

Por Facundo Ruiz Frágola

La tan mentada regeneración política sigue sin dar aviso de su llegada. Con tan solo algunos movimientos en las esferas de poder, es bastante predecible el ritmo que la dirigencia política se autoimpone y sigue sin poder despegarse de los poderes fácticos. De aquello, ni siquiera se habla. Mucho menos se cuestiona en las porciones mayoritarias de la sociedad la llegada de empresarios de multinacionales a tomar el dominio de los negocios usando la cosa pública.

Algunas sacudidas de la derecha en América Latina han puesto en jaque a los movimientos progresistas y los consecutivos traspiés electorales en varios países de participación altamente conflictiva en el proceso político y gubernamental -tal el caso de Argentina- han hecho retroceder las expectativas de una definitiva supremacía del poder político y la participación ciudadana por sobre el capital financiero global. La visión superadora de la política como una herramienta de felicidad para “un mejor vivir”, la palabra empeñada y el consenso social siguen ausentes. De hecho, el retroceso institucional se ha acentuado y comienzan a resquebrajarse nuevamente las diferencias en el plano socioeconómico.

En Argentina, los poderes financieros -con la inestimable ayuda de los servicios mediáticos, en especial del mayor grupo de medios, Clarín- han retomado el poder y disponen ahora a piaccere de las decisiones microeconómicas y condicionan el rumbo de la economía a nivel macro. El desembarco de una gigantesca cantidad de CEO’s de multinacionales ha plagado las oficinas estatales de empresarios dispuestos a hacer negocios a costa del deterioro del poder adquisitivo de varios sectores que habían sido reenclazados en el último decenio. La política ha perdido su lugar para dar paso a la hegemonía absoluta del empresariado.

Es más, podríamos afirmar que el deseado rediseño democrático por estos lares solo ha sido una fachada para reinstalar las políticas neoliberales de los años ’90. Los primeros atisbos del gobierno del conservador Mauricio Macri, al menos en los primeros 100 días de gobierno, han trazado las duras líneas por las que deberá transitar el pueblo argentino por los próximos cuatro años. Sin embargo, muchas de esas decisiones podrían afectar a varias generaciones futuras, como por ejemplo el desesperado intento por pagar al contado la deuda con los fondos buitres.

En este último aspecto, salvo algunos sectores de la oposición en su conjunto, la dirigencia política en su mayoría ha sido tibia en rechazar de plano cualquier intento por entregar la soberanía. Ninguno de los políticos del “cambio” titubeó a la hora de acrecentar la idea de necesidad de llegar a un acuerdo con los buitres más resistidos. Más teniendo en cuenta que nuestro país había llegado a sellar el canje con el 93% de los acreedores. Mientras tanto, el Estado le acaba de regalar a los sectores concentrados algunas decisiones esperadas en el período posteleccionario: megadevaluación, tarifazos, impuestazos, miles de despidos, entre otros, con los correspondientes decretazos para darle la “forma legal” a las resoluciones del ejecutivo.

Argentina's President-elect Mauricio Macri (seated C) next to vice-elect president Gabriela Michetti (2nd L), poses with members of his cabinet in Buenos Aires, December, 2, 2015. Macri on Wednesday expressed confidence a deal could be reached next year with U.S. creditors suing the country over unpaid debt. Standing back row from left are: Tourism Minister Gustavo Santos, General Secretary Fernando de Andreis, Transport Minister Guillermo Dietrich, Security Minister Patricia Bulrich, Education Minister Esteban Bulrich, Finance MinisterAlfonso Prat-Gay and Social Development Carolina Stanley. Seated from left are: Defense Minister Julio Marinez,  Interior Minister Rogelio Frigerio,  Chief Cabinet Marcos Pena and Foreign Minister Susana Malcorra. REUTERS/Enrique Marcarian

El “mejor equipo de los 50 años”, según presumió el mismísimo presidente en varios discursos, repetidos hasta el hartazgo por el grupo de medios dominantes y su cadena de canales independientes, retrocedió más de una vez en las decisiones que se ponían a prueba del público en general. Las famosas tertulias donde “expertos en todo” ponían a prueba cada gesto político, hoy han dejado sus críticas para ocupar el lugar de meros justificadores del brutal ajuste que “en forma gradual” sigue ejecutando el gobierno de Macri.

La idea de republicanismo, que en principio había girado en torno a la “recuperación de los principios democráticos” solamente fue una ilusión. A días de finalizar el año, el bombazo de Mauricio Macri sacudió las esferas judiciales, al intentar colocar “a dedo” a dos jueces en la Suprema Corte de Justicia, en comisión. Todo ello avalado -y por ello más grave- por el silencio cómplice del presidente del máximo tribunal de la nación, Ricardo Lorenzetti, quien en una reunión privada le habría pedido a Macri “patear” el tratamiento de los dos nombres hasta fines de febrero.

La pata legislativa de todo este entrame de poder se redujo a un inicio de sesiones marcado por el chusmerío barato y la batalla futbolera como una especie de “duelo de hinchadas” en el que cada equipo aspiraba a poner en escena su idea como si fuera un partido de futbol. El debut de la asamblea legislativa, con un tema difícil y altamente riesgoso para nuestro futuro, como el del pago a los fondos buitres, tuvo señales de traición y compra de voluntades, salvo que en esta oportunidad la Banelco fue reemplazada por unos cuantos sanguchitos, acompañados de unos mates fríos para naturalizar el escándalo como algo normal y pasajero.

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Ni que hablar del ejecutivo. El propio presidente, con un discurso agresivo y violento en la apertura de las sesiones ordinarias del parlamento, marcó el ensanchamiento de la famosa grieta, tan alardeada por los mismos que hoy ocupan los sillones del oficialismo. Mirando por el retrovisor, Macri preparó definitivamente el terreno para que la “herencia recibida” tenga su lugar de debate en los canales afines, es decir poner en la mesa de discusión muchas dudas sobre el pasado no tan lejano. Sobre todas las medidas regresivas tomadas en los 100 días de gobierno, ninguna autocrítica porque todas tenían su fundamento en “el peor de los pasados”.

En este marco de idas, parece difícil acceder vislumbrar un horizonte del consenso y diálogo prometido por Macri, sea porque el revanchismo sigue marcando el rumbo de su gobierno, y porque la idea de imponer el poder ante todo continuo a ritmo cansino y normal. Poca autocrítica y en particular ronda la idea de que asistimos a un “cambio de figuritas”, porque la política altruista que en teoría venía a sanear la república sigue ausente. Los dedos señaladores siguen apuntado a “ñoquis”, a déficits inflados con el solo objeto de ajustar la economía que sigue en su período de enfriamiento, a los “altos salarios” de los trabajadores y su debido pago por esa “ganancia”, entre otros.

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De nueva política, de nuevos dirigentes, nada. La tan mentada reforma y regeneración sigue sin novedades en el frente. Ajustar para sobrevivir, parece ser la consigna del gobierno de Macri, que hasta ahora sigue esperando que ese shock de confianza sea el punto de atracción de las nuevas inversiones. Pero de nueva política, en el horizonte remoto, nada. Solo queda esperar que aquel politólogo llamado Francis Fukuyama, quien predijo el advenimiento de la democracia y la economía de mercado como “El fin de la historia” no tenga razón, y de aquí hasta el 2020 tengamos un “más allá de la democracia”. La difícil cuestión es volver a las bases y arrancar de nuevo.

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