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El diablo vivía en Quimilí El diablo vivía en Quimilí
Desde chicos los padres inculcan a los hijos que existe el bien y el mal; el cielo y el infierno y de acuerdo a... El diablo vivía en Quimilí



Desde chicos los padres inculcan a los hijos que existe el bien y el mal; el cielo y el infierno y de acuerdo a nuestras acciones vamos a ir a un lugar o al otro. Ahora me pregunto ¿Qué lugar vendría a ser la ciudad de Quimilí? Y nada tiene que ver con las personas que viven allí, sino por ese acontecimiento atroz que sucedió hace casi un año y medio.

Ni bien se conoció la noticia de que Marito Salto fuera encontrado muerto en una escena propia de película de terror, todo el pueblo elucubró la idea de que se trataba de un ajuste de cuenta que involucraba directamente al narcotráfico, porque las personas que llevan adelante esta práctica ilegal son capaces de ajusticiar a gente sin un dejo de arrepentimiento.

Supuestamente esa hipótesis encajaba en las historias que se tejieron en torno a la muerte del pequeño de 11 años, por una serie de sucesos que se dieron días previos al asesinato del pequeño que fue torturado, violado y desmembrado.

Sin embrago el caso dio un giro rotundo cuando investigadores ingresaron a la casa de la familia Jiménez y se encontraron con elementos contundentes para considerar la hipótesis de que se trataba del lugar donde el pequeño vivió los últimos minutos sintiendo el dolor más extremo.

Lo que no se esperaba era que el desenlace de la investigación arroje que en el centro mismo de Quimili vivía el “diablo”, porque no le cabe otra denominación a un sujeto que desmembró vivo a un pequeño de tan solo 11 años.

En la casa encontraron el miembro viril de Marito, sangre y supuestas fotos de una próxima víctima, en este caso, una nena. De acuerdo a lo recabado por los investigadores, Miguel Ángel (de la muerte) Jiménez, Miguel Ángel Jiménez (h) y Arminda Lucrecia Díaz, Alfredo Daniel Albarracín y Pablo Ramírez fueron los responsables del atroz acontecimiento.

Inmediatamente conocida esta noticia, los quimilenses comenzaron a sentir una sensación inefable porque de pronto se conoció que el aparente asesino, era parte de las numerosas marchas que se hicieron pidiendo justicia, en donde este despreciable sujeto ofrecía elementos que sirvieran para recaudar fondos y ayudar a la familia damnificada.

No solo quiso ser solidario con la familia Salto, sino que además aparentaba ser un vecino común, cuando en realidad se trataba de una persona diabólica que llevaba a cabo rituales satánicos, en el cual sacrificó a un pequeño de 11 años, quien, en el momento de ser secuestrado para los cometidos malditos, iba a pescar.

Para el colmo, la mujer del asesino era la directora de la escuela de la ciudad, Arminda Lucrecia Díaz. Actuaba normalmente siendo parte de un ritual que sacrificaba a personas. Como no sentir decepción, confusión y miedo de saber que estos sujetos caminaban, conversaban, tomaban mate con los vecinos y parecían “normales”.

En resumidas palabras el comportamiento humano no deja de sorprender porque parece no tener límites. En más de una ocasión los grandes directores de cine en el mundo trataron de reflejar como haría el diablo para convivir con las personas comunes sin ser descubiertos, pero ni el mejor de todos ellos podría hacer una película en donde el protagonista pueda vivir en una ciudad sin dar señales de que sería alguien que busca escenificar el infierno en una ciudad.

 

 

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