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No bajen los brazos: ¡¡Háganlo por Bauti!! No bajen los brazos: ¡¡Háganlo por Bauti!!
Que injusto resulta cuando la vida se ve interrumpida de un segundo a otro por la imprudencia. Sin embargo, quien soy yo para hablar... No bajen los brazos: ¡¡Háganlo por Bauti!!



Que injusto resulta cuando la vida se ve interrumpida de un segundo a otro por la imprudencia. Sin embargo, quien soy yo para hablar de justo o injusto, solo trataré de sumergirme en un texto sin forma, pero con algo de sentido común para entender el porqué de algunas cosas que marcan la sensibilidad de muchas personas.

Claro que resulta más fácil abordar un tema una vez que sucedió, y quizás estoy cayendo en una incoherencia al decirlo porque si hay algo que no podemos hacer los periodistas es futurología, pero si debemos tratar ciertos temas con mayor frecuencia para que de alguna manera aporten a la concientización.

En lo últimos días un tema policial llegó a los medios y especialmente a las redes sociales para marcar profundamente el dolor que sienten las personas que lo conocían, especialmente los padres, que seguramente deben continuar formulando preguntas que jamás obtendrán respuestas, porque estoy convencido de que ni el tiempo cura una herida tan profunda, lo que no quiere decir que se debe constantemente buscar los medios para mitigar el sufrimiento.

Un jovencito de tan sólo 17 años, mientras caminaba rumbo a su hogar fue sorprendido por un vehículo que le arrebató la ilusión de cumplir sus sueños: de recibirse, de ser profesional, de amar a una mujer, de ser papá y darles a sus padres un nieto… seguramente todo pasó muy rápido, en donde el adolescente no tuvo ni la menor oportunidad de revertir lo que sucedió porque jamás vio venir al ladrón de vidas; la muerte.

Bauti como cariñosamente le decían sus conocidos, estuvo luchando muchas horas contra lo que era prácticamente irreversible…y éste fue el momento más duro para sus padres, que, en el instante de recibir la peor noticia de sus vidas, dejaron ir la esperanza a una nueva familia que seguramente les tocara vivir la penosa situación de saber que la existencia de un hijo pende de la divina justicia.

He querido tomarme ciertas licencias para tratar de entender lo sucedido, e inmediatamente me pongo en el lugar de papá y la tristeza me abraza haciendo sentir una sensación que congela el alma de solo pensar que los padres de Bautista enfrentan una guerra que ya la perdieron pero que mientras tengan fuerzas la seguirán luchando.

Si son creyentes van a comprender que en el más allá su pequeño hijo (nunca dejan de ser los pequeños nuestros hijos) los esperará con los brazos abiertos para retomar lo que momentáneamente se vio interrumpido y si no son creyentes, es muy probable que tengan la enorme ilusión de reunirse de nuevo con el jovencito que durante 17 años hizo que sus vidas fueran diferentes.

Lo cierto es que las palabras son mudas, las imágenes inentendibles, los sabores insípidos, los colores grises… la vida muy dura, porque aferrarse a la terrible realidad de haber perdido un hijo debe ser tortuoso, pero nadie nos dijo que iba a ser fácil nuestro paso por la tierra. Sin embargo, me pongo en el lugar de ustedes, padres de Bautista, y no puedo dejar de pensar que haría si me sucediera lo mismo; sería como vivir en el mismísimo infierno de dolor, y ante esa conclusión divagante pido perdón por estas palabras porque nunca conocí a Bautista Agüero, pero su muerte me sensibilizó y quise escribir esto para decirles… ¡¡luchen por la justicia de Bauti!!

 

 

 

 

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