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Chabela tiene cuatro hijos, estudió bajo la luz de la calle y se recibió de enfermera: hoy es jefa en un hospital Chabela tiene cuatro hijos, estudió bajo la luz de la calle y se recibió de enfermera: hoy es jefa en un hospital
La mujer, salteña criada en formosa, tuvo que reponerse también a la violencia de género. Eusebia Isabel Díaz. Nombre algo áspero para una mujer de... Chabela tiene cuatro hijos, estudió bajo la luz de la calle y se recibió de enfermera: hoy es jefa en un hospital

La mujer, salteña criada en formosa, tuvo que reponerse también a la violencia de género.

Eusebia Isabel Díaz. Nombre algo áspero para una mujer de voz tan suave que no llega a los 60. Por eso les pide a las pacientes, muchas a punto de convertirse en madres, que la llamen «Chabela». Y no les cuenta que más áspera fue su vida.

Salteña, huérfana desde muy chica y criada por su abuela en Formosa, se puso de novia a los 14 y tuvo al primero de sus cuatro hijos a los 16. Hasta los 24, fue víctima de violencia de género. Pasaba días encerrada hasta que los hematomas desaparecían. Un día terminó con 8 puntos en la cabeza. Ahí fue al juzgado por una perimetral y los papeles de divorcio.

«No tuve adolescencia», dice a Clarín.

Tampoco tuvo luz.

Chabela, en sus años de estudio

Chabela, en sus años de estudio

«Como mi ex no había pagado y yo no podía con la deuda, cortaron el servicio». En medio de esa indigencia, en el barrio formoseño Eva Perón, Chabela, que había llegado hasta 6° grado, decidió seguir estudiando. A la noche, cuando sus chicos dormían, se sentaba en la vereda para aprovechar la luz de un poste de alumbrado público.

«Entre las 21 y las 22 se encendía y daba directo a mi casa», cuenta. No usó velas desde la vez que se quedó dormida y se le quemó la cómoda. «No quería poner en riesgo a los chicos». Estaba cansada. pero estudió.

Así, en noches nada estrelladas, «Chabela» rindió libre la primaria y se anotó en el “curso de auxiliar de enfermería”, como decía el cartel que leía y releía mientras esperaba en una guardia.

«Sabía que era la única manera de salir adelante por mis hijos», repite. Se sacó 10. Luego pasó a la universidad y hoy, a los 58, es jefa de sección del Servicio de Tocoginecología del Hospital de la Madre y el Niño de Formosa.

Tenía cuatro hijos pequeños, no tenía trabajo, su ex no le pasaba la cuota de alimentos y no tenía a quién recurrir. Cuando la plata se acabó vendió los ladrillos que tenía en el patio. Después hizo changas lavando ropa.

Durante ese año de estudio bajo un poste de luz, sus hijos iban a la hostería del Niño Jesús, con la Hermana Julia, y la más quedaba en la guardería del Eva Perón. “Mi amiga Gladis Cabrera me ayudaba con mi nena, se ocupaba de ella, la bañaba, la peinaba ya que yo me iba a las 4 de la mañana caminando con mis compañeros hasta donde se realizaba el curso”, le había contado al diario La Mañana de esa provincia, donde ahora la conocen todos.

Su hijo mayor, en ese momento de 8 años, también la ayudaba. «Despertaba a sus hermanos, a la nena de 3 la llevaba hasta la guardería y se tomaba el colectivo con los otros de 5 y 6 para la hostería», cuenta.

Ya recibida del curso, pasó cinco meses sin conseguir trabajo en un hospital. «Pero el 21 de abril (lo recuerda porque fue el cumpleaños de su hija) recibí cuatro buenas noticias: me contrataron en el Hospital de la Madre y el Niño, recibí mi beca de auxiliar de Enfermería, mi ex hizo el depósito de la manutención y me enteré de que estaba embarazada de mi nueva pareja», enumera.

La luz volvió a su casa. 

«Pude pagar las cuentas y decidí hacer el secundario para cursar Enfermería Universitaria y luego poder recibirme de Licenciada en Enfermería». Hizo la carrera en tres años. «Pero no fue todo lindo» -recuerda.

«Cuando me liberé de la violencia, no sólo mi ex sino algunos cuantos más en el barrio pensaban que yo era la peor. Que me iba a hacer no sé qué cosa mientras mi amiga cuidaba a mi hija, sólo porque era independiente. Nada de eso importaba en realidad. Mi mensaje para las mujeres es que estudien y salgan adelante. Que a la mujer que se hace valer nadie le pega ni la pasa por encima.»

Un día su jefa la llamó y vaticinó que iba a pasar a ser supervisora del servicio. Ya con 31 años de antigüedad y el cargo más alto de su sección, dice que puede «vivir tranquila» y darles algún gusto a sus hijos y nietos. «Pero no todo es lindo», dice.

En la actualidad, todos sus hijos son profesionales con trabajo, algo que ella les inculcó. Pero hace 4 años perdió a su hijo más chico. «Cuando José Luis falleció hacía sólo 10 días se había recibido de profesor de Educación Física. Tenía 25 años», dice. Fue en un accidente de tránsito sobre la avenida Ribereña. «Agradezco que él de chico no vivió lo mismo que sus hermanos, tuvo bienestar.» En ese lugar, por él, colocó una estrella amarilla que lo recuerda.

Chabela hoy, en el jardín de su casa.

Chabela hoy, en el jardín de su casa.

El martes Chabela festejó su cumpleaños. Vive en una casa mejor de la que habitaba en penumbras. Pero muy cerca. A sólo dos cuadras de aquel poste de luz.

Fuente: Clarín

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